lunes, 23 de febrero de 2015

La Loca de la Cabina

Va a hacer ya casi 20 años. Cuando era estudiante y vivía fuera de casa, en otra ciudad. Entonces todavía no existían los móviles, y si existían solo unos pocos privilegiados los tenían. 
Me acuerdo que era septiembre y acababa de hacer los exámenes que me habían quedado en verano. Quedé con dos amigas que vivían al otro lado de la ciudad para ir al cine o algo así. Pasó que por alguna razón que ya no recuerdo, tenía que llamarlas urgentemente, seguramente una tontería, pero para mí en ese momento era sumamente apremiante. No tenía teléfono en casa y estaba sola. Así que salí a la calle en busca de una cabina de teléfono. La más cercana estaba ocupada con un pesao de esos que no termina nunca de hablar. Corrí en busca de otra cabina. Cuando la encontré, enseguida inserté la única moneda que tenía, una de 100 pesetas, pero la cabina la rechazó. A veces pasaba, no había más que recuperar la moneda, frotarla enérgicamente contra el lateral del teléfono y volver a insertarla. Pero mi sorpresa fue que la puertecilla por la que uno introducía los dedos para recuperar el cambio estaba abollada, abollada y totalmente atascada. Imposible abrir la puertecilla, imposible recuperar mi moneda. Era de noche, no había nadie por la calle. Vi un bar y entré para que me cambiaran un billete de mil pesetas, pero no quisieron ayudarme. Ya se sabe, la mala follá. Volví a la cabina para seguir intentando recuperar mis 20 duros, pero nada. Comencé a golpear la puertecilla con las manos, todo en vano, y ya frustrada seguí golpeándola con más fuerza, gritando y dando patadas ¡maldita cabina!. Total, que me hice polvo los nudillos y además para nada (salvo el desahogo que da atentar contra los bienes de la telefónica).


Más tarde se me ocurrió contárselo a mis amigas enseñándoles mis manos dañadas. Y claro, menuda risa. ¡Estás pallá niña! ¡Pero mira que eres bruta! No, si lo entiendo, una muchacha de 18 ó 19 años, pegando golpes y gritándole a una cabina de teléfonos en plena noche, y vete tú a saber por qué tontería, pues sí, eso da lugar a mofa, y a burla, y a un fama que ya no te vas a quitar de encima. Durante años ellas no pudieron evitar volver a recordar el episodio y volver a reírse. Normal. Yo también lo hago.

Pero después pasaron los años y yo personalmente no me había vuelto a acordar de aquello. Y ellas tampoco lo habían vuelto a mencionar.

Hasta un sábado del pasado mes de noviembre. De la cabina de teléfonos hemos pasado al whatsapp, y yo en estado betaesperante, no en el whatsapp sino en la realidad. Tenemos un grupo de amigos y no sé porqué de nuevo ha salido a colación el asunto de la cabina, cuando ellas se vuelven a partir de risa con esos emoticonos tan monos, y yo esta vez ni replico ni na. Hace solo unos minutos que otra amiga ha anunciado su embarazo de varias semanas por el mismo grupo de whatsapp, y ya sabéis cómo sienta eso, que sí, que ellos no tienen la culpa de nada, pero ya sabéis cómo sienta. Por supuesto es su 2º hijo, por supuesto el 1º es menor que el mío. Pero como iba diciendo los comentarios van ahora por el camino de pero qué bruta, si es que vas de fina pero vaya tela, vaya genio...

Lo que no sabían mis amigas, ni yo tampoco en ese momento, es que justo una semana después se volvería a repeteir el episodio. Después de casi 20 años, mis manos han vuelto a golpear, una y otra vez y vuelta a golpear, no una cabina de teléfonos sino la puerta de mi armario. Y esta vez con mucha más violencia, más rabia contenida, más frustración, más impotencia, más dolor. Más. Si es que yo soy así, me contengo, me contengo, me contengo...¡Y EXPLOTO! Este sábado, tras casi 20 años desde aquel día en que golpeé una cabina, me ha bajado la regla, lo que significa que todo lo que has pasado al someterte a una Fecundación in Vitro no ha servido para nada.
Lloro y mientras meto las manos en agua fría (realmente me las he destrozado, el armario por fortuna no) pienso en mis amigas. La vida es pura ironía. Si ellas presenciaran esta escena ya no creo que les provocara risa. Me las imagino y las veo asustadas, muy asustadas ¿cómo no se van a asustar si hasta me he asustado yo? ¿Y si la donación de óvulos tampoco funciona? ¿Me destrozaré las manos otra vez? ¿Me golpearé la cabeza?

Entiendo que si alguien lee esto pensará que estoy loca de atar. ¿Por qué no lo deja? ¿No ve que se va a matar? Sencillamente espero que no, que si no sale bien esta vez sepa llevarlo de otra manera. Pero no, si es que yo soy así, que me contengo, me contengo...¡y exploto! ¿Cómo lo voy a dejar si lo que más deseo es otro hijo? ¿Cómo dejar que mi parte racional, si la hay, actúe? Si yo no sé nada, no sé nada salvo que soy la  Lechera, y ahora también la Loca de la Cabina.



miércoles, 18 de febrero de 2015

Arrepentirse toda la vida

Algo que en teoría nunca debe hacerse. Arrepentirse de las decisiones tomadas. Pero llega la esterilidad y te rompe los esquemas.

Desde que nació mi hijo ha sido tanto el amor y la gratitud que he sentido por tenerlo que tuve claro que querría repetir. A mí me daban dos, ¿no? Y como ya he comentado en entradas anteriores, la firme decisión fue buscar al hermanito cuando el niño tuviera unos dos años.
Ya han pasado dos navidades y el niño tiene ya año y medio, por lo que la búsqueda del segundo es inminente.

Pero ¡ay! la crisis. La crisis nos golpea a todos y de qué manera. Tampoco me voy a quejar, no estamos del todo mal. Sin embargo hay incertidumbre, y mucha, hacia el futuro laboral. Mi pareja, mi hombre, el padre de mi hijo, no tiene trabajo fijo y peligra. Peligra porque es profesor interino y las cosas se están poniendo muy feas. Estamos en navidades, y para el próximo curso escolar está previsto que se convoquen oposiciones de lo suyo. Y yo, una fría mañana de diciembre, aún en la cama, pienso, pienso y pienso ¿para qué tanto pensar? y pienso que si nos ponemos a buscar al hermanito tal y como lo habíamos planeado probablemente nacerá cuando estén a punto de celebrarse las oposiciones, con el jaleo que eso conlleva. Pienso y encima pienso en voz alta, y se lo digo a mi pareja, a mi hombre, al padre de mi hijo, y entonces él dice: ¿Qué hacemos? ¿Esperamos un año más? Pues sí, esperamos un año más.

ME ARREPENTIRÉ TODA LA VIDA.


Porque entonces yo tenía 35 años y a lo mejor aún estaba a tiempo. Aún estaba a tiempo y lo dejé pasar. Nunca lo sabré, pero igual yo tenía todavía buenos óvulos y los desperdicié. Está bien, yo no podía saberlo ¿quién iba a dar? Si solo fue un año, un maldito año en el que no dejé de pasarlo mal, pues las ganas no se me quitaron ni por un instante, pero me serenaba y me decía a mí misma que no pasaba nada, que ya quedaba menos.

                    ME ARREPENTIRÉ TODA LA VIDA.

La vida es pura ironía. Porque después de todo no hubo oposiciones, porque las oposiciones son en el presente curso escolar, en plena ovodonación, y porque si al tomar esa decisión nuestra intención era salvaguardar la economía familiar, ahora tenemos que gastarnos nuestros ahorros y mucho más.

Que sí, que sí, que yo no podía saberlo, que igual mis óvulos estaban ya mal ¿quién iba a dar? Pero yo qué queréis que os diga.

ME ARREPENTIRÉ TODA LA VIDA.

Amigos, amigas, sobre todo amigas, aquellas que tengáis claro que queréis ser madres algún día, si por lo que sea tenéis que posponer la búsqueda del bebé, no lo penséis dos veces: CONGELAD ÓVULOS. No digo que tengáis bebés ya, cada uno sabrá cuál es su momento, pero de verdad CONGELAD ÓVULOS. Puede sonar raro, lo sé, y puede ser una pasta. Pero más raro es tener que recurrir a los óvulos de otra mujer, más pasta es el precio de estos tratamientos a los que me tengo que someter, y más costoso y doloroso es tener que decir que ME ARREPENTIRÉ TODA LA VIDA.








martes, 17 de febrero de 2015

La frase más odiada

En este camino de la esterilidad siempre hay algún comentario que se suele repetir entre los demás y que de verdad una llega a odiar. Apuesto a que mi comentario odiado coincide con el de muchos más:

Tú lo que tienes que hacer es relajarte y ya está..

A ver, no dudo que el comentario está lleno de buenas intenciones, pero igualmente carece de una correcta meditación por parte del emisor. Porque éste, espero, no se ha dado cuenta de lo que realmente significa la frasecita:
Osea, que si no me quedo embarazada es por mi culpa, ¿no? porque no me relajo,

Recapitulemos. Después de montones y montones de meses en los que tu sueño se va alejando cada vez más, intentas una Fecundación in Vitro, con no demasiadas posibilidades (según los médicos), pero lo intentas. Lo que significa pinchazos y más pinchazos (4 al día) de hormonas que te revolucionan el cuerpo, ecografías a ver si todo va bien (vamos justitos justitos pero vamos), punción y sacamos 6 ovocitos (bieeennn!), a ver qué tal se portan, sólo fecunda uno (ohhhhh!), a ver si aguanta y lo transferimos, finalmente sí los transferimos (bieeeennnn!), ahora a esperar, esperar, esperar.....ufff!! Pero tú tranquila, ¿¡eh!?. Y yo tranquila, tranquila, tranquila.... hasta que empiezo a tener síntomas de regla y ya ya.... pues ya no estoy tranquila, mira tú por dónde. Y ¡ZAS! ¡Ha venido la regla! Test de embarazo: negativo.
¿Y todo porque no he estado tranquila? Si lo llego a saber me relajo más, es que yo he estado nerviosa aposta, es que disfruto con esas palpitaciones que me dan de noche que no me dejan pegar ojo, fíjate, todo eso ¡me encanta!.

¿Y las pobres chicas que han sido violadas y se quedan embarazadas? ¿Han estado relajadas?

¡Pues sabéis qué os digo!? Que yo con mi primer hijo no estuve nada tranquila, tenía un miedo atroz a sufrir otro aborto, me acababa de comprar una casa y estaba de mudanza, era el peor de los peores meses en mi trabajo, con un trajín impresionante, estaba cabreada como una mona porque justo cuando decidí volver a intentarlo se me adelantó la regla 10 días, ¡10 DÍAS! Me pasé unas noches en vela con el corazón que se me salía... y aun así, aun así, me quedé, me quedé a la primera y aquí tengo a mi leoncito, más feliz que una perdiz.


Así que me da a mí que lo de estar relajada o no estarlo no tiene nada que ver, esa vez me quedé porque tenía óvulos de primera y ahora ya no. Eso es todo.

Por tanto, chicas, reivindico nuestro derecho a estar histéricas si nos da la gana, a tirarnos de los pelos, tener ansiedad, gritarle al que pase por delante y todo lo que tú quieras sin que por ello tengamos que sentirnos también culpables. Que ya está bien. Os animo a estar tranquilamente nerviosas, histéricamente relajadas, frenéticas y calmadas, o como os dé la real gana. ¡HOMBRE YA!


lunes, 16 de febrero de 2015

La Lechera

Todos nos sabemos el cuento ¿no?
No digo la Lechera de los yogures ni la que tiene una lechería donde trabaja más de noche que de día. Digo el cuento que a todos nos contaron de pequeños. Ahora la prota soy yo, la Lechera soy yo.



Porque al haber tenido ya un hijo con cierta facilidad, bueno, aparte de haber sufrido un aborto previo, pero vamos, que después me quedé a la primera y todo fue bien, a pesar de tener un embarazo de riesgo y un parto prematuro, pero en fin, que al fin y al cabo todo fue bien (yo ahora firmaba), pues como iba diciendo, el hecho de haber tenido ya un hijo me hizo ir "de sobrá".
Y con ir "de sobrá" me refiero a que con el nene recién nacido yo ya tenía claro que querría tener otro, y no me corté en ir diciéndolo a todo el que quisiera oírme, y que de los dos años no iba a pasar, porque claro, no queremos que se lleven mucho tiempo entre ellos.

Entonces haces planes, planes y planes. pues podemos empezar a buscar en tal mes y tal otro, porque yo quiero que nazca a finales del invierno o principios de la primavera, que no quiero comerme el verano con la barrigota y tampoco quiero que pase mucho calor el recién nacido. Y tampoco quiero que nazca en diciembre, que luego en el cole se nota que es más pequeño y le cuesta seguir a los demás.
Nos atrevimos incluso a fantasear con hacerlo antes o durante la ovulación, por si queremos que sea niño o niña. Dos días antes si queremos niña, o el día en cuestión si queremos niño. Podemos probar un par de meses así, y si no pues de la forma habitual, día sí día no.
Y además, además, me atreví a insinuar, imaginar, que podríamos tener un tercero, siempre he querido tres ¿y por qué no?

Pasan los meses y el cántaro se hace trizas. No sé en qué momento exactamente. Realmente no lo sé.

Lo que sí sé es que ya todo eso me da igual. Me da igual niño que niña. Me da igual en qué mes haya de nacer. Asumo que ya no habrá una diferencia de dos, ni tres, ni cuatro años, y veremos a ver si de cinco. Sólo quiero que sea, que sea como sea, pero que sea verdad, que sea y aunque sea sin mis genes, aunque sea con el óvulo de otra, porque sí, estoy en pleno tratamiento de ovodonación, porque después del desastre de respuesta ovárica por mi parte no puedo más, no puedo y no sabéis cuánto admiro a las que lo intentan una y otra vez con sus propios óvulos, porque estoy cansada y quiero que mi segundo hijo sea, sea verdad, y sea YA.




sábado, 14 de febrero de 2015

Pregunta sin respuesta.

Mami, ¿Y yo cuándo voy a tener un hermanito?
Ahí está la pregunta del hijo de una mujer con esterilidad secundaria, pregunta para la que por supuesto no hay respuesta.
Hola, me llamo Stela y soy estéril. Esterilidad secundaria, porque ya tengo un hijo, pero estéril al fin y al cabo. No voy a decir que el dolor que se siente es como el de una mujer estéril y sin hijos (las primarias), pero duele también, vaya que si duele. Desde luego mi más sincera admiración y respeto por aquellas mujeres que luchan por tener su primer hijo, qué camino más difícil, injusto y lleno de espinas os ha tocado tomar. Pero yo lucho por mi segundo hijo, y si no es el mismo camino que el vuestro, muy juntos deben estar.
Las que tenemos esterilidad secundaria no tenemos el miedo y la preocupación de pensar que quizás nunca podremos ser madres, eso desde luego no. Tenemos otras cosas, a nuestros preciosos hijos, la luz de nuestra vida, nuestros tesoros, lo más preciado de este mundo... a los que no podemos dar un hermanito.
Tenemos la cuna, el carrito, la sillita, la trona, la bañera, el cambiador, montañas y montañas de ropita. Todo nuevo, casi nuevo porque no ha dado tiempo a gastarlos porque han crecido tan deprisa, es que crecen tan deprisa...¿Y si no los podemos volver a utilizar? ¿Y si se lo tengo que regalar a mi amiga, a mi cuñada... que sí están embarazadas? (nooooooo!)
Es que ¿por qué ha tenido que crecer tan deprisa? ¿Y si ya no puedo tener más bebés? Y claro, nuestros peques, que ya no son bebés, tienen que soportar que a veces los sigamos tratando como bebés. Pero mi hijo ya no es un bebé y me acaricia la barriga mientras me pregunta que por qué yo no tengo un bebé ahí dentro como la tía... Mira que me hace preguntas difíciles, es que es increíble, por qué ésto, por qué lo de más allá, cosas que jamás te podrías haber imaginado, pero siempre le contestas, siempre hay que contestarles. Pero con esta pregunta, con ésta, con ésta......me quedo callada.
Con ellos hacemos cosas de madres y vamos al parque, lleno de otras madres, que sí tienen más de un hijo. Oye, es que no hay ni una que teniendo un hijo de la misma edad que el tuyo no tenga ya hermanitos, mayores o menores. Es que de algunas incluso sus hijos mayores son menores que el tuyo y ya tienen hermanos pequeños o los están esperando. Y claro, según pasa el tiempo esto va pasando con más frecuencia.
En fin, que también se sufre. El primer hijo vino relativamente fácil. Pero ahora... ¿qué ha pasado? ¿Por qué ahora no? Si he seguido llevando una vida sana, si no fumo, hago ejercicio, apenas bebo, si todavía soy joven (36 cuando empezamos a buscar el segundo). ¿QUÉ DEMONIOS HA PASADO?
Así que después de darle vueltas y vueltas me decidí a escribir aquí todo esto que siento y a veces quiero gritar pero no puedo, porque por supuesto este dolor (monopolizador, absorbente, egoísta, sobre todo egoísta) nadie lo puede entender sino una pareja que esté pasando por lo mismo, nadie y menos aún si ya tienes un hijo, porque ¿qué importancia tiene que ya no puedas tener más?
Nosotros sabemos que mucha, demasiada...
Espero que alguien pueda ver esto y pueda identificarse conmigo, y si no, ya he encontrado un desahogo.
Suerte!