lunes, 9 de marzo de 2015

Vomitar y pasar página.

Vomitar. A eso me he dedicado hasta ahora. Vomitar una y otra vez todo lo que he rumiado durante meses y me estaba carcomiendo por dentro. No digo que las arcadas vayan a desaparecer así por arte de magia. Pero ya es hora de pasar página, o al menos intentarlo.

En 3 meses me he tenido que enfrentar a dos duelos. El primero con el negativo de mi FIV, un duelo difícil, si además tenemos en cuenta que no me dejaron tregua, porque a los 14 días exactos me anunciaron el recién descubierto embarazo de mi cuñada  (pocas horas después del test), en vísperas de navidad, sin que por ello haya podido desconectar. Espero no tener que volver a pasar unas navidades así en mi vida. ÚLTIMA ARCADA.
El segundo ha sido mi duelo genético. Quizás no tan difícil porque ya lo venía viendo desde lejos, que mis óvulos estaban ya desahuciados. Pero una vez que todo queda confirmado, asumir, saber que mi hijo/a ya no llevará mis genes se hace difícil. Hay quien desde fuera lo ve muy fácil, ¿y qué más da? Pero no señores, renunciar a tus óvulos no es como ir a una tienda pensando que te vas a comprar una camisa roja y tener que llevártela azul. No es lo mismo.
Pero ya está.

No quiero tenerle rencor a la vida, ésta que a veces es pura ironía.
Por supuesto la vida me ha dado cosas muy buenas.
Al padre de mi hijo, que me apoya y me entiende y ha estado ahí para lo que haya hecho falta. Tenemos mucha suerte de poder contar con ellos. Gracias porque seguramente tú impediste que siguiera aporreando la puerta del armario y me hiciera más daño, aunque en mi enajenación mental no lo recuerdo bien del todo. Te quiero.
Tenemos trabajo (de momento pero lo tenemos), tenemos dónde vivir, tenemos a nuestra familia, tenemos amigos, aunque últimamente los hemos descuidado un poco (mi dolor egoísta de nuevo), nos tenemos a nosotros, y sobre todo tenemos a

MI NIÑO:
Aunque él merecería un capítulo aparte. Mi niño es un solete. Y no lo digo sólo yo.
Mi niño me has regalado miles de sonrisas desde que naciste. Da gusto verte comer. Da gusto verte dormir. 
Da gusto verte crecer, aunque lo hagas tan deprisa. Verte jugar, sorprenderte por todo. Preguntarte por todo y preguntarnos por todo. En casi 4 años no nos habrás dado ni 3 malas noches. ¡Qué suerte hemos tenido contigo! A veces pienso que contigo gastamos toda la suerte y por eso nos ha tocado vivir ahora ésto. Es que eres tan buen niño, tan buen hijo, que yo sé que serías un muy buen hermano. Y por eso no me resigno, aunque sé que contigo gasté toda la suerte. Tengo que hacerte este regalo, ascenderte, pasarte de hijo único a hermano mayor, y ya sólo espero que la vida, que a veces es pura ironía, esta vez sea mi aliada y me ayude a poder decirte que sí, que ahora sí hay un bebé en mi barriga, que ahora sí vas a tener un hermanito.

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